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Informe Cockcroft

A mediados de los pasados años ochenta el Ministerio de Educación publicó la traducción de Las matemáticas sí cuentan, un libro con un título atractivo que muy pronto quedó oculto por su propio subtítulo: el Informe Cockcroft. Era una edición algo sorprendente porque se trataba de un informe oficial que, además, había sido elaborado en un contexto manifiestamente diferente al nuestro. Su redacción resultaba distante y a menudo parecía excesivamente aséptica. En definitiva, uno se encontraba con casi cuatrocientas páginas de texto abigarrado que no invitaba excesivamente a una lectura reposada.


La publicación del Informe coincidía con un momento en el que se producían algunos debates importantes acerca de la enseñanza de las matemáticas. Después de años de trabajo de muchos profesores y grupos de trabajo y de intercambio de ideas y propuestas en las cuatro primeras JAEM, coincidieron, entre otros hechos, el debate sobre el documento del ICMI titulado Las matemáticas en primaria y secundaria en la década de los 90, las primeras propuestas de reforma de la enseñanza secundaria y la cada vez mayor cantidad de información y documentación que recibíamos acerca de lo que se estaba haciendo en otros lugares. Todo esto nos llevó a algunos a leer aquel informe que, como decía al principio, parecía tan escasamente atractivo. Y con la lectura empezamos a sorprendernos y a aprender cosas. Encontramos el resultado de un proyecto muy ambicioso, que trataba de analizar un buen número de las cuestiones que tienen alguna relevancia en la enseñanza de las matemáticas; que, a su vez, recogía el resultado de otros estudios previos o realizados expresamente para este mismo informe. La propia selección de las cuestiones que trata el libro podía resultar sorprendente, por los temas de los que se ocupa, por los que no incluye y, sobre todo, por la importancia que da a cada uno de ellos.
Pero muchos de los problemas que plantea el informe y de las situaciones que se describen en él eran los mismos que los nuestros. Y en este sentido es en el que el libro tuvo un mayor impacto. Nos encontramos, quienes lo leímos, con algunas afirmaciones que suponían una confirmación de intuiciones y suposiciones sobre lo que supone la enseñanza de las matemáticas. Así, por ejemplo, era un alivio leer en un libro de esta naturaleza que: “Las matemáticas son una asignatura difícil de enseñar y de aprender”
Pero la lectura del informe también hace tambalearse algunas de las ideas extendidas en algún momento sobre lo que es esencial en la enseñanza de las matemáticas. Así, por ejemplo, contrastaba la insistencia en el cálculo, cuando en los movimientos asociados a la innovación en España era un asunto poco menos que ignorado. A lo largo de los años posteriores a su publicación, el Informe Cockcroft ha ido ganando influencia en la enseñanza de las Matemáticas, en el Reino Unido y fuera de él. En cierto modo se ha convertido en una fuente de autoridad y es, de hecho, una referencia obligada cuando se tratan los aspectos esenciales que envuelven la enseñanza de las matemáticas.
Por qué y para qué enseñar matemáticas
El informe comienza enfrentándose a la tarea de determinar qué es lo que justifica una presencia tan notable de las matemáticas en el currículo escolar. En una primera fase revisa los tópicos al uso sobre lo que se suele considerar formativo de las matemáticas y las capacidades generales que aporta y enuncia lo que considera esencial en las matemáticas desde el punto de vista formativo: el hecho de que proporcionan un medio de comunicación poderoso conciso y sin ambigüedades. El valor del texto estriba no tanto en las razones que enumera, como en la importancia relativa que asigna a cada una de ellas. Así, relativiza sus posibilidades para desarrollar facultades de pensamiento lógico, precisión y visión espacial, en la medida en que dependen de forma determinante de la manera en que son enseñadas las matemáticas, llegando a afirmar que no constituyen una razón suficiente para estudiar matemáticas.
Recursos para enseñar matemáticas medios y profesores 
Además de los recursos informáticos y las calculadoras, plantea el informe la necesidad de contar, para enseñar matemáticas, con determinados recursos materiales. Sin información precisa sobre cuáles eran los medios en los centros británicos en el momento de la redacción del Informe no es fácil valorar por qué se pone el énfasis en algunos de estos medios. Conviene resaltar, en todo caso, la importancia que se da a la existencia de aulas específicas para enseñar matemáticas en los centros de secundaria, en los que, además, estas aulas deben estar agrupadas. En cuanto a los materiales didácticos, no se dice nada que no se pueda leer en otros muchos lugares. (Riviere Gómez,, 1985)

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